Hola, son las 4’20 de la madrugada y he despertado de un sueño extraño, del que no podía o no quería despertar. Era un sueño en el que he mezclado recuerdos. Y es que el recuerdo del primer piano, del tacto de sus teclas es tan difícil de explicar y de olvidar como el primer te quiero.
He soñado con sitios que yo conocía, o que conozco, sitios que tenían cosas antiguas, hermosas, artesonados, paredes con azulejos muy antiguos con relieves, suelos brillantes en los que mujeres hermosas habían bailado su primer baile mucho antes de nacer yo, incluso tú, muebles del siglo pasado e incluso del otro, del XIX.
He soñado que pertenecías a mi pasado cuando apenas has estado en mi presente y nunca formarás parte de mi futuro. No puedo estar mucho rato despierta y escribiendo no es lo que más me conviene (estoy con lumbalgia y me tomé anoche un nolotil y un miolastán, con tal de no ir a que me pinchen de nuevo). Quizás sea el relajante muscular el que ha provocado este sueño-recuerdo falso. En él la persona que vivía o que estaba encargada de esa casa me decía que el piano en el que yo había aprendido a tocar apenas ya nadie le echaba cuenta. Tocaba sus teclas y las reconocía a pesar de estar desafinado. La respuesta a mi pulsación, el sonido que me llevaba a otra época más feliz, en la que esperabas a que saliera de mis lecciones para besarme al pie de la escalera. Nunca subías a la torre donde estaba antes el piano. Cuando dejé de tocar me dijiste que iban a arreglarlo, que faltaban lámparas, que querías que aquello tan hermoso recuperara el brillo de antaño. Pero ese brillo lo provocaban las velas, el romanticismo y unos besos que nunca tuvieron lugar. Tú te fuiste, te separaste me decía el hombre (se suponía que ya estabas separado… incluso en mi sueño). Y yo le preguntaba, pero… ¿es la misma persona, es MCO el dueño, o el antiguo dueño de este lugar?. Y me decía, sí, él era el dueño, pero eso… se separó y desapareció. Nadie supo nunca nada más de él. Y esto es lo que queda de una época en que aquí hubo gente, gente que mantenía viva la casa.
¿Qué representa la casa, M? ¿Son mis sentimientos hacia tí?, ¿el tacto del piano son esos besos que nunca me has dado pero que los recuerdo como si hubiera tocado mil valses y tus labios hubieran premiado los mío cada vez que corregía una nota falsa…?
Son extraños los sueños… me pregunto si alguna vez sueñas tú conmigo y con lo que podía haber pasado entre nosotros. En el sueño no había cáncer, sólo vacío… te habías ido y yo había crecido. Y miraba la casa que antes me parecía tan grande como si hubiera encogido. A pesar de las luces y sí, de esas lámparas que por fín colgaban encendidas de nuevo. Y un piano desvencijado que servía de apoyo no a una biblioteca de partituras bien escogida, sino, mira tú… a un soporte con cucharas y tenedores que arreglaba entre nervioso y avergonzado el hombre de mi sueño (alquien que sí que conozco de esta época, un enfermero amigo y compañero de una amiga, por qué motivo he unido su recuerdo al tuyo lo ignoro, quizás porque su profesión médica incluiría tratar a hombres que pasan por lo que tú has pasado o me dices que has pasado).
Es solo un sueño pero ahora mismo estoy llorando, no sé si de pena, por haber dejando de tocar o por haber dejado de quererte. O por seguir queriendo a un fantasma que desapareció un día de la casa con la torre más hermosa de la ciudad, la de las lámparas de cristal y el suelo brillante donde otras mujeres habían soñado su primer baile en la vida. Su primer vals en un piano desvencijado de otra época, al que sólo le haría falta afinarlo para que volviera a sonar como antes. Pero… ¿quién tendría ganas de hacer algo así, recuperar viejos recuerdos para que no mueran, afinar un piano de otra época, encender lámparas y seguir abrillantando suelos para reflejar primeros besos…? Confundo semanas y meses con siglos, extraño el efecto Miolastán+Nolotil.
Me voy a dormir de nuevo, un beso, te quiero o te quería, o te querré. Ahora no doy con el tiempo verbal correcto. Envío lo escrito ahora sin repasar porque si no seguramente me arrepentiría mañana. Y no lo enviaría. Quizás dentro de veinte años forme parte de un Premio Planeta como le digo a tu tocayo estos sentimientos y vivencias. Pero tú no estarás y yo la que escribo estas palabras ahora tampoco estaré. Seré otra, más vieja y más sabia. Espero nunca arrepentida de haber amado sueños y a veces pesadillas. De eso se alimenta la vida, de la esperanza.
Te quiero, te quería, ¿te querré?
Tu Bebita