Me acabo de enfrentar a una de las cosas que más pánico me da en el mundo, una cucaracha. Después de almorzar (a las tantas como siempre, viendo Amar en tiempos revueltos) se me ha antojado quitar los cojines del sofá, sacudirlos y quitar también la funda-sábana para lavarla. Y ahí estaba la muy puta esperándome. Primero se ha quedado muy quieta pero luego ha “salío follá” como diciendo “upppsss que me han visto”.
He tardado casi media hora en cargármela con mi proverbial puntería zapatera. Y casi gasto dos botes de spray… (que son esas voces que oigo… veo un elefante esmeralda…D–s, creo que me he intoxicado…). Sola solita sola (vaya dos gatas que tengo más apañadas, esta noche no comen, por cab…. y espabiladas) la he cogido con el escobón envuelto en una bolsa de plástico y el recogedor y la he tirado al wc. No creo que lo vuelva a usar hasta mañana. He llamado a la chica de la limpieza. No pensaba llamarla pero sola seguro que no le doy la vuelta al sofá para quitar la otra funda, la que he rociado con insecticida. La funda de arriba la iba a lavar pero mira… es de las que se le pegan mil pelos y paso… Hala (como me dijo M. que se escribía correctamente). Ya es lo que queda. La cuca era de las que vuelan.
Si salgo viva de la intoxicación… tendré que hacer algo… y las gatas éstas “joías” se van a enterar de lo que vale un peine.
De todas formas algo positivo, igual que el Domingo de Ramos que maté aquella tremenda araña en el dormitorio. Igual que a estos miedos tengo que enfrentarme a las cucarachas y arañas putas de dos patas.
