No consigo dejar de llorar. El lumbago parece que se ha ido con los dos pinchazos de ayer y anteayer pero me duelen las cervicales y siento mucha angustia. Y eso… eso no lo quitan los pinchazos de diclofenaco.
Me siento muy sola. Y ya no sé con quién quiero estar realmente, aunque lo que parece claro es que nadie quiere estar conmigo.
A veces pienso que estoy empezando siempre la casa por el tejado y me olvido de que además del amor existen otras cosas, otras patas para sostener esta silla inestable en la que me encuentro siempre.
Además de los momentos románticos que he relatado aquí, ha habido otros. En uno incluso lloré por la intensidad de lo que estaba sintiendo pero todo es para nada. Al final sólo soy un hueco en la agenda. El amor es otra cosa, si alguien te interesa de verdad no le importa llevarse una hora en el coche aunque sea para verte media hora. Por mucho que intente justificar lo que los demás hacen solo tiene una explicación. Yo no soy lo que buscan y posiblemente ellos tampoco son lo que yo busco, pero yo me conformo. Eso es lo que me han enseñado en mi casa, que no me merezco más que las migajas que me den. Y con eso ir tirando.
Por otro lado las llamadas de mis padres. No sé qué hacer con ellas, no las cojo pero escucho los mensajes lastimeros. No quiero caer de nuevo en la tentación de ayudarles. Ni siquiera a cambio de dinero.
Todo lo malo que hay en mi vida se lo debo a ellos, a la idea de que no valgo una mierda. Y que me han transmitido también mis hermanos con sus comentarios ofensivos sobre mi sexualidad, mi cuerpo y mi carácter. Los odio tanto que no quiero ni cruzármelos.
No sé qué hacer… me gustaría poder llamar a alguien y acurrucarme entre sus brazos. Solo se me ocurre desahogarme por aquí y tirar cosas, seguir tirando hasta que me quede desnuda de odio y puede volver a empezar, de nuevo, otra vez más…
